El AIPAC, uno de los grupos de presión más influyentes de la política estadounidense, anunció el miércoles que dejará de respaldar directamente a candidatos y de hacerles donaciones a través de su comité de acción política federal. La decisión, comunicada a sus miembros en una carta, llega tras una revisión interna para "ser aún más eficaz".
Sin embargo, el lobby no renuncia a su poder: AIPAC y su superPAC, United Democracy Project, seguirán financiando a candidatos proisraelíes. El superPAC lleva más de 50 millones de dólares en gastos independientes en estas elecciones y sigue activo en carreras clave. La más reciente es la del Senado en Míchigan, donde aportó unos 9 millones de dólares en la última semana a un grupo que apoya al republicano Mike Rogers, según una fuente anónima y según The New York Times. La donación se produjo después del plazo del 14 de octubre fijado por la Comisión Federal Electoral, el último antes de las elecciones generales.
Míchigan ha sido el mejor ejemplo de la controvertida imagen del grupo este año. Su superPAC gastó más de 30 millones de dólares en las primarias demócratas del Senado para impulsar a la representante Haley Stevens, firme defensora de Israel. Perdió ante Abdul El-Sayed, feroz crítico de Israel que ha calificado de genocidio la guerra en Gaza, una de las derrotas más duras del AIPAC en este ciclo.
Jeremy Ben-Ami, presidente del grupo proisraelí liberal J Street, considera los cambios ineficaces para "salvar su marca". En su opinión, conservar el superPAC mientras se abandona el comité propio no hace sino reforzar la política del dinero opaco que originó el problema.
Fuente: The Washington Post, 22 de octubre de 2026 (Praveena Somasundaram).

