El cambio político en Israel y la salida de Benjamín Netanyahu, junto con sus socios de extrema derecha Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich, representa un profundo suspiro de alivio para la comunidad internacional y, muy especialmente, para el pueblo palestino. Durante más de dos décadas, la figura de Netanyahu ha encarnado la expansión del proyecto colonial en la Cisjordania ocupada y la devastación ininterrumpida de Gaza.
El peso del Derecho Internacional y las implicaciones jurídicas de la CPI
La salida del poder de Netanyahu se produce bajo el peso sin precedentes de las órdenes de detención emitidas por la Corte Penal Internacional el 21 de noviembre de 2024. Al Primer Ministro saliente y a su exministro de Defensa, Yoav Gallant, se les imputan crímenes de guerra, como el uso de la hambruna y el desabastecimiento severo como método de combate, y crímenes contra la humanidad, incluyendo asesinato y persecución contra la población de Gaza.
Desde el punto de vista jurídico internacional, la pérdida del mandato ejecutivo y las consecuencias directas para Netanyahu implican una serie de mecanismos clave. Conforme al Estatuto de Roma en su artículo 27, el cargo oficial de Jefe de Gobierno no exime de responsabilidad penal individual ni concede inmunidad ante la Corte, lo que significa que Netanyahu pierde además cualquier pretensión de inmunidad personal o diplomática en el plano bilateral ante terceros países.
Asimismo, los ciento veinticuatro Estados partes del Estatuto de Roma tienen la obligación jurídica vinculante de arrestar a Netanyahu y entregarlo a La Haya si pisa su territorio, lo que convierte su situación en un confinamiento internacional efectivo al limitar severamente su movilidad global sin arriesgarse a una detención inmediata. Como los crímenes contra la humanidad y de guerra no prescriben según el derecho internacional, la orden de detención permanece activa de forma indefinida hasta que el acusado sea presentado ante los jueces, impidiendo que pueda eludir la justicia si abandona Israel.
De igual manera, el fin de las funciones ejecutivas de figuras como Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich marca el cierre de la etapa más explícitamente racista e incendiaria del gobierno israelí, cuyas políticas de armamento incontrolado a colonos y retórica de expulsión violenta han dejado una herida profunda, aunque su salida del poder restituye una mínima esperanza de contención institucional.
El perfil, la doctrina militar y la postura de Gadi Eizenkot
En este tablero de transición, la figura del exgeneral y político Gadi Eizenkot adquiere una relevancia particular. Eizenkot, nacido en 1959, es un producto del aparato de seguridad israelí tras una larga trayectoria en la brigada Golani y el mando del frente Norte, llegando a desempeñarse como el vigésimo primer Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel entre 2015 y 2019.
Militarmente, Eizenkot es conocido por haber teorizado la llamada doctrina Dahiya tras la guerra del Líbano de 2006, la cual aboga por el uso de una fuerza asimétrica y desproporcionada contra infraestructuras que sostengan a grupos armados en entornos urbanos densos, un enfoque ampliamente criticado por juristas internacionales por violar los principios de proporcionalidad y distinción del derecho internacional humanitario.
Sin embargo, en el plano político actual, Eizenkot representa un pragmatismo estratégico opuesto al dogmatismo de la extrema derecha. Tras integrar el gabinete de guerra después del siete de octubre de 2023, dimitió en junio de 2024 junto a Benny Gantz para denunciar la falta de estrategia real de Netanyahu y el sacrificio de los rehenes por cálculos políticos, marcado también por la trágica muerte en combate de su hijo menor Gal en Gaza.
En sus posturas, Eizenkot ha sostenido firmemente que la firma de un acuerdo global para liberar a los cautivos debe anteponerse a la continuación indefinida de la ofensiva militar. Aboga además por una separación física de la población palestina para preservar el carácter democrático de Israel, oponiéndose a la anexión caótica de Cisjordania y considerando necesaria la cooperación con la Autoridad Palestina para mantener la estabilidad regional, rechazando así la estrategia de Netanyahu de debilitarla sistemáticamente.
¿Qué papel juegan los partidos árabes en la Knesset?
En medio de este cambio de correlación de fuerzas, la representación política palestina dentro de la Knesset afronta un momento decisivo. Formaciones como la Lista Árabe Unida y la alianza Hadash-Ta'al representan la voz de la ciudadanía árabe-palestina frente a este nuevo escenario.
Las prioridades de estas formaciones en esta coyuntura se centran en frenar la violencia institucional y de los colonos exigiendo la revocación de leyes discriminatorias y el desmantelamiento de las milicias promovidas por la extrema derecha saliente. A su vez, presionan para lograr el cese definitivo de cualquier bloqueo sobre los suministros básicos y la ayuda humanitaria en los territorios ocupados, utilizando al mismo tiempo sus escaños como llave de gobernabilidad para evitar el retorno de coaliciones supremacistas y exigir presupuestos justos para las golpeadas comunidades locales.
El futuro de Palestina: Gaza y Cisjordania unificadas
La caída del gobierno saliente reabre el debate ineludible sobre el futuro del Estado de Palestina. La división impuesta entre la Franja de Gaza y Cisjordania, explotada estratégicamente durante años para fragmentar el proyecto nacional palestino, debe llegar a su fin de manera definitiva.
Cualquier perspectiva de futuro viable exige la integración efectiva de Gaza y Cisjordania bajo un liderazgo legítimo y unificado palestino, acompañada por el levantamiento definitivo del bloqueo sobre Gaza y la paralización total de la colonización en Cisjordania. Todo ello debe conducir al reconocimiento pleno de la soberanía palestina como la única garantía para una paz justa y duradera en la región.
El camino hacia la justicia y la reconstrucción será largo y complejo, pero la salida de los responsables de la mayor tragedia humanitaria en Gaza en el siglo XXI abre, al menos, un espacio propicio para que el derecho internacional y la dignidad de los pueblos vuelvan a ocupar el centro del escenario global.

