Para comprender el alcance de los acontecimientos en Rabat, es necesario remontarse al 30 de octubre de 2026. En esa fecha, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas celebró una sesión crucial sobre la cuestión del Sahara Occidental en la que no se renovó el mandato de la MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental).
Esta decisión de los diplomáticos internacionales responde a dos factores fundamentales expuestos en las discusiones de la ONU. Por un lado, la incapacidad demostrada por la misión en diversas ocasiones para supervisar de forma efectiva el alto el fuego o registrar sus violaciones. Por otro lado, la constatación de que el contexto bajo el cual se creó la MINURSO en 1991 y sus funciones originarias han sido ampliamente superados por la realidad del terreno, donde la dinámica internacional actual gira en torno al Plan de Autonomía presentado por Marruecos, respaldado de manera creciente por potencias internacionales como la única base política realista y duradera para cerrar el conflicto.
La respuesta de Rabat: una transición ordenada y bajo mando civil
Tras este punto de inflexión diplomático, el Palacio Real de Rabat acogió este miércoles 4 de noviembre una sesión de trabajo presidida por el rey Mohamed VI. El objetivo prioritario ha sido estructurar la liquidación y la retirada de la misión de paz con garantías de estabilidad.
En lugar de delegar el proceso exclusivamente a las fuerzas armadas, Mohamed VI ha encomendado la gestión operativa a la Oficina de Coordinación con la MINURSO, dependiente del Ministerio del Interior. Esta oficina asumirá de forma directa la facilitación logística, el acompañamiento y los trámites de liquidación con las Naciones Unidas, buscando asegurar un repliegue progresivo, fluido y sin alteración de las actividades cotidianas en el territorio.
Las prioridades de la nueva etapa: seguridad, economía y diplomacia
Durante el encuentro, en el que participaron la jefa de Gobierno, Fatima Ezzahra El Mansouri; el consejero real Fouad Ali El Himma; el ministro del Interior, Abdelouafi Laftit; y el inspector general de las Fuerzas Armadas Reales (FAR) y comandante de la Zona Sur, Mohammed Berrid, el monarca marroquí fijó las directrices estratégicas de la etapa pos-MINURSO.
En primer lugar, Marruecos reafirmó su compromiso voluntario con la consolidación del alto el fuego, precisando que dicha postura se mantendrá inalterada a pesar del fin de la misión internacional. Asimismo, se enfatizó el estricto respeto a la integridad territorial del Reino y a la seguridad nacional, asegurando que el Gobierno acelerará los proyectos de infraestructuras y desarrollo estructural emprendidos en las provincias del Sur. Finalmente, Rabat reiteró su apego a la legalidad internacional y al principio de solución de controversias por medios pacíficos, respaldándose en la ola de reconocimientos internacionales a su soberanía sobre el Sahara.

