Miles de tunecinos se manifestaron el 17 de octubre de 2026 en Túnez contra el presidente Kaïs Saïed, en una de las mayores protestas de los últimos años, con una participación estimada entre 3.000 y 6.000 personas. La marcha, impulsada por la UGTT y respaldada por asociaciones civiles y fuerzas opositoras, se concentró en la avenida Habib Bourguiba, escenario emblemático de la revolución de 2011.
Los manifestantes rechazaron la concentración de poderes en manos de Saïed y exigieron la recuperación de las garantías democráticas, la independencia judicial, el respeto a los derechos fundamentales y la liberación de opositores encarcelados. También denunciaron la presión sobre las organizaciones sindicales y las restricciones a las libertades públicas.
A las reivindicaciones políticas se sumaron las económicas: el aumento del coste de la vida, la pérdida de poder adquisitivo, el desempleo, la escasez de productos esenciales, los cortes de agua y electricidad y el deterioro de los servicios públicos.
La protesta destacó por la convergencia de sectores opositores antes divididos —abogados, médicos, periodistas, desempleados, sindicalistas y organizaciones civiles—, lo que supone una señal relevante frente a un contexto de fragmentación opositora.
El origen de las tensiones se remonta a julio de 2021, cuando Saïed suspendió el Parlamento y destituyó al jefe del Gobierno; posteriormente disolvió el Parlamento y promovió una nueva Constitución en 2022 que reforzó sus prerrogativas presidenciales. Sus detractores consideran que estas medidas debilitaron los contrapesos democráticos surgidos tras la revolución de 2011. Saïed rechaza las acusaciones de autoritarismo y afirma que sus decisiones buscan defender el Estado y luchar contra la corrupción.

